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Blog Susu in the sky - Susana Moll Sarasola

Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 29
    Noviembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    La profesora

     

    La profesora

    Cuadro de Mercè Rodoreda

    La profesora nos esperaba con la mesa puesta al detalle. Había vino y “pica pica”, como de costumbre, unos folios perfectamente fotocopiados y un kit de pintura compuesto de un vaso de yoghurt con agua y un trapito. En el centro de la mesa, varias cajas de acuarelas, ceras y pasteles.

    La profesora siempre nos tenía reservada alguna sorpresa. Éramos cinco, seis con ella. El día a día con los niños y el resto de obligaciones nos engullía, como a tantísimas mujeres, y nuestra inspiración se veía resentida. En cada sesión ella nos daba lo mejor de si misma y trataba de desbloquearnos utilizando un sinfín de recursos. 

    Esa vez quiso acercarnos a la escritora Mercè Rodoreda para que comprendiéramos que muchas escritoras han sufrido la tiranía del día a día de su tiempo. Mercè Rodoreda pintó en el exilio un centenar de acuarelas aguadas y collages, entre París y Ginebra de 1949 a 1957. La escritora catalana entendía la pintura como el “laboratorio” o la “cocina” más útil para configurar su voz literaria. Para ella existía una relación muy estrecha entre pintura/escritura. Por ejemplo, las acuarelas, de aparente sencillez, equivaldrían a sus cuentos; el collage, más complejo, la induciría a la novela.

    "Escribo porque me gusta escribir. Si no me pareciera exagerado, diría que escribo para gustarme a mí misma. Si de rebote lo que escribo gusta a los demás, mejor. (…)” (prólogo de Mirall Trencat). Estas frases hicieron que se nos pusiera la piel de gallina.

    A finales de los años cuarenta Rodoreda se exilia en París donde cose como una condenada para sobrevivir.

    “Trabajo hasta el embrutecimiento para malvivir. Hago camisones y combinaciones para un almacén de lujo”. Es en esa época cuando la escritora sufre una parálisis del brazo derecho, psicosomática, que no le impide seguir cosiendo pero en cambio sí escribir su novela. Decide escribir entonces poesía y algún cuento y halla en la pintura la única manera de canalizar lo que pensaba y sentía. Rodoreda no buscaba el virtuosismo sino la expresión pura y dura. “Escribo para recorrerme. Pintar, componer, escribir: recorrerme. Si no hubiera escrito o pintado, me hubieran tenido que encerrar”.

    Al acabar la lectura, la profesora nos invita a que pintemos a las protagonistas de nuestras respectivas novelas y que por un rato olvidemos la presión de escribir. Suena de fondo música clásica. Las velas iluminan nuestros lienzos. Pintamos y nos adentramos por un rato indefinido en el alma de nuestras protagonistas, todas mujeres, mujeres que luchan por salir adelante.

    Y una vez más se produce el milagro. Y gracias a ella lo logramos. Nos convertimos en artesanas, en artistas, en pintoras, en escritoras y la vida vuelve a recobrar su sentido más profundo.

     

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