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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • 16
    Junio
    2017

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    generación de los 60 Enid Blyton literatura infantil y juvenil

    Los Cinco de los sesenta

    Si un libro se comienza con expectación y se concluye con apetito y una sonrisa es que el viaje ha sido satisfactorio. Durante el trayecto que nos propone Antonio Orejudo en “Los Cinco y yo” iremos a medio camino entre realidad y ficción, en estaciones de paso por la nostalgia, y con paradas en la memoria de la generación de los sesenta, aquella que se quedó “un poco a la mitad de todo, en tierra de nadie”,  sin protagonismo en la transición de la dictadura a la democracia. Los niños del boom demográfico cuentan con pocas señas de identidad, según Orejudo, y entre ellas está la serie de novelas que firmó Enid Blyton con rotundo éxito en nuestro país, desde 1963.

    De la mano de Toni, un escritor y profesor de literatura, que tiene todo (o casi) del propio autor, conoceremos el inicio de su presentación de la novela  After Five, escrita por su amigo Reig, donde se plantea cómo habría sido la vida de los protagonistas de “Los Cinco”. Ese es el principio, pero el viaje es de ida y vuelta, tan rico y entretenido, que está salpicado de anécdotas, recuerdos entrañables, alguna pincelada de amargura y mucho sentido del humor. De Orejudo se ha dicho que domina la autoficción y la intertextualidad con un estilo propio. Pero más allá de técnicas narrativas y de la aparente simplicidad de su prosa, la lectura ha sido como estar frente a un amigo dispuesto a compartir recuerdos sin guión, con naturalidad y complicidad, entre sonrisas y sorbos de café, salpicados por las inevitables penas y quejas de una vida.

    La generación de los sesenta acogió con entusiasmo la publicación de “Los Cinco”. Por primera vez leían aventuras de niños que se embarcaban en la búsqueda de un tesoro o atravesaban pasadizos subterráneos. Eran ingleses, pero ese desajuste cultural “los hacía más apetecibles”. Disfrutaban de comilonas con manjares insospechados, como el pastel de carne o la cerveza de jengibre, y disponían de una libertad para irse de vacaciones que eran la envidia del protagonista. Al leerlos, sentía emoción y un “disfrute animal”:

     “No me sentía lector de una ficción, eso vendría después; me sentía un personaje de la misma.”

    De todas las anécdotas de infancia, adolescencia y madurez del protagonista, el mensaje que perdura es el que ofrece su padre:

    “Completar una colección por fascículos es una metáfora de la vida, tal como él la concebía: un esfuerzo constante, alentado por la voluntad, que conducía siempre al éxito.”  

    Y mientras se mezclan los recuerdos y evolucionan los amigos, llega la hora del balance en una reunión de antiguos compañeros, con el desánimo y la frustración de quienes no han logrado todas sus aspiraciones, en medio de una crisis como la de 2012.

    El éxito le llega a su amigo Reig con After Five, con una historia siempre ligada a “Los Cinco” y a su posible futuro, y siempre flotando entre ficción y realidad. Esta novela ofrece nostalgia, pero “no se trata de una nostalgia blandita y acrítica, sino más bien de un ajuste de cuentas (…) Es el reconocimiento de una generación pasiva y al mismo tiempo su reprehensión por carecer de otro atributo que no sea su elevado número de miembros”.

    Resulta difícil no encontrar todavía en las casas algún ejemplar de “Los Cinco” o del resto de sagas que escribió Blyton como “El club de los Siete Secretos”, “Torres de Malory” o “Las mellizas en Santa Clara”. La editorial Juventud continúa editándolos con “una traducción adaptada a los lectores de hoy” y una imagen más infantilizada. De modo que también pudiera hablarse de una generación de “Los Cinco” en el siglo XXI que todavía avanza en forma. Pese a las informaciones que han cuestionado la figura de la escritora inglesa y sus textos como políticamente incorrectos, su influencia en la literatura infantil y juvenil se ha mantenido hasta que J.K. Rowling llegó para relevarla del trono.

    En mi casa siempre tendrá un lugar de honor por una adolescencia plena de aventuras, imaginación y, sobre todo, camaradería; por la sensación de formar parte de un grupo de amigos que no me abandonaría nunca si no cerraba el libro.  Yo me sentía mejor después de leer a Blyton, una niña-mujer de provecho, un poco más feliz. No sé si sería capaz de releer ahora todos aquellos libros que guardo, y así mejor. A la infancia sólo hay que recurrir cuando la vida no deja otro lugar para esconderse o salvarse.

     

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