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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 13
    Abril
    2018

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    Cultura libros Paro Desempleo Novela negra recursos humanos

    Recursos inhumanos

    “Busco trabajo como un perro que olisquea una farola. No tengo ilusión, pero es más fuerte que yo.”

    Así habla Alain Delambre, 57 años, directivo, cuatro años en paro, uno más entre los miles que sufren cada día frente a las oficinas de empleo mientras se agotan sus expectativas laborales. Delambre podría ser cualquier parado que cobra vida en el personaje creado por Pierre Lemaitre en la novela “Recursos inhumanos” para ahondar en las causas que convierten a un hombre tranquilo en un ser desquiciado y violento. Su caso nos va a enseñar que “un hombre solo necesita unos segundos para convertirse en un demente”. Basta con que se mezclen los ingredientes básicos: “sentimiento de humillación o de injusticia, la soledad extrema, un arma y nada que perder.”

    Pierre Lemaitre, premio Goncourt y maestro de la novela negra actual, perfila una grave realidad social, agravada por la crisis, que se olvida con demasiada frecuencia porque sus consecuencias forman parte de lo cotidiano: las habituales y deshumanizadas cifras del paro, los daños psicológicos del desempleo, la competencia obligada, la presión social y los cuestionables sistemas de selección de personal. En nuestro país tuvo un gran precedente: “El método Grönholm”. La obra de teatro, publicada por Jordi Galcerán en 2005, escenificaba la fase final de una selección de personal. El autor confesó que trataba de jugar con ese afán de ciertos psicólogos de convertir en científico algo que no lo es. La cuestión que plantea es clara: “¿Hasta qué punto estamos dispuestos a humillarnos para conseguir un trabajo? ¿Qué estamos dispuestos a hacer?” Con estos mimbres, el éxito de Galcerán fue construir un genial cesto con lo trágico, lo despiadado y lo cruel de la condición humana, aliviado por el bálsamo de las risas.

    La novela de Lemaitre también mezcla esos ingredientes hasta completar un estremecedor relato de ficción que alcanza límites inexplorados. Nos lo cuenta en primera persona Alain Delambre: director de recursos humanos al frente de doscientos empleados hasta que la compra de la empresa por una multinacional le deja en la calle y empieza a sobrevivir a base de miniempleos ocasionales de sueldo mísero. “En cuatro años, a medida que mis ingresos se volatilizaban, mi estado de ánimo pasó de la incredulidad a la duda, después a la culpabilidad y, por fin, a una sensación de injusticia. Hoy lo que siento es cólera.”

    Con 57 años es consciente de que “no les interesa mi experiencia, sino pagar menos impuestos y obtener subvenciones". La dignidad se va desprendiendo de la piel, dolorosamente, capa a capa: “Lo que es difícil no es ser un parado, es continuar viviendo en una sociedad que se basa en la economía del trabajo. Allá donde mires, solo ves lo que te falta”… “Para los que no están directamente afectados, el paro es un ruido de fondo.”

    Y llega el día en que recibe una patada en el culo, -literalmente-, por parte del encargado de uno de los miniempleos. El colmo de la humillación, la sensación de tocar fondo. Y al mismo tiempo, de otro lado, surge la posible salvación, la gran tentación. Le proponen formar parte de un proceso de selección de cinco directivos a través de un juego de rol: un asalto terrorista con toma de rehenes para medir la sangre fría y la capacidad resolutiva de los candidatos. Delambre acepta, aun a costa de poner en riesgo a su familia y rebajarse hasta las últimas consecuencias: “Si hay que pegarles un tiro para conseguir el trabajo voy a hacerlo porque estoy harto de estar jodido.”

    A partir de aquí, cada uno juzgará el caso de Delambre “comparándolo con el suyo, en función de sus esperanzas y sus miedos, de su pesimismo o voluntarismo”. Podemos verlo como víctima o verdugo, como un héroe o un loco, como un manipulador o un superviviente. Es la virtud de ser un espejo verosímil, el modelo de una denuncia necesaria, un personaje fiel a la sociedad que nos ha tocado vivir, un ejemplo de la realidad temida y cercana, de una posibilidad tan bien descrita y narrada por Lemaitre que causa más terror que cualquier fantasía de sangre y fuego en reinos lejanos. Una voz que no puede ni debe olvidarse:

    “Soy consciente de mi ignominia. Lo que la sociedad me está haciendo no se lo perdonaré nunca. Está bien, me hundiré en el fango, seré ruin, pero espero que a cambio el dios del sistema me dé la oportunidad que merezco: volver a la competición, volver al mundo, ser humano de nuevo. Y vivir.”

     

     

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