Blog 
Terminado, el libro empieza
RSS - Blog de María José Barroso Crespo

El autor

Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


Archivo

  • 03
    Diciembre
    2017

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Cultura libros Edurne Portela Margaret Atwood

    Supervivientes

    “Según bajo la pantalla del portátil sé que el monstruo queda ahí, contenido, controlado. Y con un botón lo puedo hacer desaparecer. Aunque luego resucite. Aquí fuera es mucho más difícil, la realidad se me escapa.”

    Como a la protagonista de “Mejor la ausencia” de Edurne Portela, la realidad se nos escapa en tantas ocasiones que cada uno se procura los trucos para recuperarla, entenderla o digerirla sin más, a secas, intentando que el trago no resulte demasiado amargo. Sobrevivir gracias a las letras, escritas o leídas, es una necesidad que funciona, aunque sea dolorosamente. La literatura escrita por mujeres, en muchos casos, tiene esa capacidad catártica de rascar en lo profundo del dolor y acariciarlo después, hasta llegar a ser un compañero que reviste la piel para fortalecerla ante la vida. Hay mujeres que doman monstruos y que han logrado atrapar la realidad sin que les tiemble el pulso en sus letras, contundentes y firmes, hirientes en la denuncia, honestas en la historia, realistas en el desenlace.

    Edurne Portela publicó “Mejor la ausencia” tras la estela triunfadora de “Patria” de Fernando Aramburu, con una promoción basada en una nueva obra sobre los años más activos de la organización terrorista en el País Vasco. Pero las comparaciones entre ambas novelas son inútiles porque ambas brillan por sí solas y aportan luz a lugares diferentes. En “Mejor la ausencia”, los atentados de ETA, los GAL, la kale borroka y la presión independentista actúan como ingredientes en el entorno de violencia donde naufraga la familia de Amaia Gorostiaga. Desde 1979, cuando la pequeña Amaia cuenta con tan solo cinco años, hasta 2009, cuando regresa a su pueblo de la margen izquierda del Nervión, oiremos su voz relatando la violencia a la que está sometidos ella, su madre y sus hermanos, primero como un juego inconsciente y después como una cruel realidad de la que cada uno escapa como puede.

    El mayor mérito de Edurne Portela es una historia donde el relato en primera persona de Amaia cobra vida con insólita verosimilitud en la forma de contar de una niña con sus sensaciones y vivencias:

    “Llegamos a las casetas donde están los señores con las metralletas. Ama se da la vuelta y nos dice que estemos callados. Yo le pregunto por qué. Aita saca los cuadernitos y se los enseña al señor. Otro señor se acerca a la ventanilla de ama y mete la metralleta dentro. Ama le dice por favor, hay niños”.

    La voz de Amaia evoluciona con los años y atraviesa la adolescencia, al tiempo que aprende y sufre, que se esconde o se defiende, mientras se guarda el miedo. Ve el dolor de un hermano que se hunde en las drogas, la perdición de otro que sigue la estela de los cachorros de ETA, siente crecer la rabia contra un padre maltratador, los gritos, las palizas y la ausencia, y con todo, no puede evitar la incomprensión hacia una madre que aguanta en silencio:

    “Nunca entenderé el pacto entre ellos, la necesidad de mi madre por mantener el vínculo, la presencia en su vida a pesar del maltrato, el abandono, la ausencia”.

    Cuando la violencia te ha forjado el carácter es inevitable que el destino trace el regreso hacia el lugar de partida. Es entonces cuando se reconoce a una superviviente. De ello sabe también la ilustre canadiense Margaret Atwood quien, en su segunda novela publicada en 1972, “Resurgir” perfila la figura de una mujer que vuelve a enfrentarse a sus traumas pasados en un entorno hostil. El marco será una cabaña apartada entre los bosques, un lago oscuro y una naturaleza amenazada que se convierte, casi, en un personaje más de la novela.  El regreso de la protagonista, en compañía de su actual pareja y de dos amigos, en busca de su padre desparecido, servirá como el hilo que tira de unos recuerdos marcados por su familia y el sometimiento a su exmarido, con el dolor de un aborto forzado:

     “Una sección de mi propia vida desgarrada de mí como un mellizo siamés, mi propia piel anulada”… “Desde entonces había llevado esa muerte dentro, cubriéndola con capas, un quiste, un tumor, una perla negra”.

    La protagonista traza un recorrido en busca de su propia identidad, desde la soledad elegida, casi rozando la locura, hasta definir su esencia femenina, una característica que ya asoma en esta segunda novela de Margaret Atwood y que estará más definida en trabajos posteriores como en el ahora famoso “El cuento de la criada”:

    “Cuando dicen libertad nunca se refieren a un valor absoluto, sino a estar libre de intromisiones”…  “He pasado todos estos años intentando ser civilizada, pero no lo soy y estoy harta de fingir.”

    Leo a Edurne, leo a Margaret. De sus letras de supervivientes me llegan ecos del triunfo de la libertad sobre la violencia, el grito entre el dolor y la lucha, cuando gana la vida sobre la muerte. Y ahora, como siempre, suena constante en mi cabeza un verso de José Hierro: “Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca…”

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook